Aprendí a hacer el pino después de ser mamá.
Y ahora que lo pienso, creo que esto dice muchísimo de cómo ha cambiado mi forma de entender el cuerpo y el movimiento.
No lo aprendí de pequeña. Ni siquiera durante todos aquellos años que hice ballet.
Lo aprendí de adulta. Después de haber pasado por un embarazo y un parto, en un momento en el que parece que todo gira alrededor de “recuperar tu cuerpo”.
Pero yo no quería recuperar ningún cuerpo.
Quería descubrir de qué era capaz el que tenía ahora.
Y creo que ahí empezó algo.
Empecé a relacionarme con mi cuerpo desde otro lugar. Ya no desde lo que pesaba, desde cómo se veía o desde cuánto era capaz de cansarlo entrenando.
Empecé a tener curiosidad.
A probar.
A caerme.
A volver a intentarlo.
Y poco a poco fui entendiendo algo que hoy forma parte completamente de mi manera de entrenar y también de Revolmovement:
nuestro cuerpo puede seguir aprendiendo durante toda la vida.
A veces parece que crecer consiste en ir aceptando poco a poco las cosas que ya no podemos hacer.
Dejamos de jugar. Dejamos de saltar. Dejamos de colgarnos. Dejamos de ponernos boca abajo.
Y yo cada vez pienso más justo lo contrario.
Quiero cumplir años y seguir descubriendo cosas nuevas con mi cuerpo.
Quiero ser fuerte, sí. Pero también quiero poder agacharme, girar, saltar, moverme con libertad, jugar con mis hijos, caminar durante horas, levantarme del suelo sin pensarlo y seguir poniéndome boca abajo mientras mi cuerpo me lo permita.
Quizá por eso mi forma de entrenar también ha cambiado tanto.
Antes entrenaba pensando en el cuerpo que quería tener.
Ahora entreno pensando en el cuerpo que quiero conservar.
Y no me refiero a conservarlo físicamente igual. Eso sería imposible.
Me refiero a conservar su capacidad.
Su fuerza.
Su movilidad.
Su autonomía.
Su curiosidad.
Hay días que entreno fuerza. Otros hago movilidad. Otros yoga. Otros simplemente juego con un movimiento porque me apetece. Y también hay días en los que necesito descansar.
Ya no siento que moverme tenga que significar siempre entrenar.
Ni que un buen entrenamiento tenga que dejarme agotada para haber servido de algo.
Cada vez me interesa menos hacer cosas contra mi cuerpo y mucho más hacer cosas con él.
Y quizá por eso sigo haciendo el pino.
No porque necesite hacerlo.
No porque sea más saludable por saber ponerme boca abajo.
Sino porque todavía me hace sentir esa curiosidad de pensar:
¿Y ahora qué más podemos aprender juntos?
Creo que mantenerse joven tiene mucho menos que ver con intentar parecer joven y mucho más con no perder esa curiosidad.
Así que esta semana no quiero dejarte ningún entrenamiento.
Solo una pregunta:
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo con tu cuerpo que pensabas que ya no eras capaz de aprender?
Quizá todavía te pueda sorprender. 🤍
Un abrazo,
Cristina
Revolmovement

